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En sus páginas se incluyen textos e ilustraciones de creadores y artistas de la Costa Chica de Guerrero y de Oaxaca EDUARDO AÑORVE ZAPATA I, II La Jornada Guerrero Después de casi un año de la aparición de su número 13, fue publicado el 14 de la revista Fandango, Voces de los pueblos costeños, en la que se incluyen textos ensayísticos, narrativos y poéticos, reseñas e ilustraciones de creadores y artistas de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca y relativos a esta zona.
En este número 14, que por primera ocasión se diseña, edita e imprime en la entidad, participan los guerrerenses Nadia Alvarado, Elpidio Colón Noyola, Jaime Ignacio López y Jorge Añorve; por parte de los oaxaqueños, colaboran Braulio M. Aguilar, Alma Evelyn Martínez, Luis de Santa María, Sileni Sánchez, Fernando Amaya y Eusebio Villalobos; también se incluye un trabajo antropológico de Natalia Gabayet, defeña que aborda el tema del tono o nahual entre “los morenos” de la Costa Chica. Los textos narrativos publicados comparten, según se lee en el editorial, el signo de la violencia, “restitución o quiebra de la normalidad de sus personajes”. En efecto, en Los perros que muerden la razón, Luis de Santa María relata la historia de un hombre celoso y tímido, quien, incapaz de manifestar su amor y de luchar por conseguir el de la amada, la persigue desde la sombra y espía sus peripecias amoroso-eróticas para descubrir que esta conducta furtiva le exacerba los celos y le proporciona un placer oscuro. Por una mirada, por su parte, es un pequeño relato en el cual Alvarado nos hace ver cómo los celos que causan la desposesión y la obsesión por algún atributo del amado (en este caso, los ojos) hacen que una mujer, desquiciada, pretenda obtenerlos a como dé lugar, como un fetiche, aun a costa de la destrucción del amor y del amado. En Pequeña historia de mierda, Colón Noyola narra la muerte de un hombre en un retrete rústico, mientras evacua por enésima vez sus enfermos intestinos. El autor intenta justificar el uso de expresiones escatológicas, y de hábitos similares, propios de la Costa Chica, con una prosa que fluctúa entre lo culterano y lo vulgar, aterriza y en un final forzado, aunque efectivo. Coronado, en Las luciérnagas entrampadas entre bajareques, cuenta una historia de abuso sexual aceptado y convencional, en una prosa que pretende ser poética a momentos, recurso que entorpece la lectura y la comprensión del hecho narrado. En el terreno de la poesía, Braulio Aguilar condensa una imagen y un concepto en un poema minúsculo, la fracción XXI de La muerte del tiempo (o de los espejos rotos): “Aspiro agujas,/ igual que palabras,/ rompen el espejo”. En Palabras para un amigo, Alma Evelyn enuncia una oración en la que el recuerdo y la añoranza pretenden recuperar las vivencias y al amigo-amado ausentes: “Recuerda que también soy semilla tuya/ y piensa en mí de vez en cuando”. De nuevo, Luis de Santa María (único autor publicado en dos géneros) escribe sobre el asombro de lo insólito-imaginado, cuyas raíces están en muchas de las mitologías de la humanidad: un animal que “conversa” o interactúa con un humano, para sorpresa y temor suyo, en el poema Un animal basta para volar sobre una nube. El poema Ceiba, de Sileni Sánchez, recurre a imágenes vegetales para ligar su destino, doloroso, al de ese árbol, para vislumbrar una natural autonomía.
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soy investigador e historiador del mu...
Me gusta mucho la chilena del poquili...